Historia de una noche…

El estrépito del día invocaba ya en la hora de su fin, haciendo imperioso reclamo a la noche con sus promesas de apacibilidad y largo descanso.

Se había erguido un sujeto en traje de fina seda y oscura como el cielo en su ausencia nocturna. Estaba él allí desprovisto de cualquier deseo diferente al de dormitar como si nunca fuese a terminar. Avanzo unos pasos resonantes en las paredes de la casa.

Empujo con escasa fuerza la puerta de madera en medio de la tétrica negrura del ambiente.

Despojándose aquel sujeto de sus prendas y sustituyéndolas por otras mas cómodas se abalanzó sobre la superficie de una cama. No le interesaba más actividad que la de concentrarse para entrar en el tal deseado estado onírico.

Su capricho fue cumplido. El hombre dormía, la casa estaba en paz y la atmósfera era la mas propicia para el mejor de los descansos.

Un sonido, uno muy delicado perturbo al hombre. Desorientado pudo distinguir una mancha mas negra que la pared pero de forma difusa y difícil de identificar, Le era difícil decidir si era resultado de su estado de confusión momentánea o era una verdadera figura. Dudo en hacerlo, pero se decidió por comprobar que era.

Desvío su mirada al suelo para poder apoyarse sin llegar a desplomarse accidentalmente. Regreso su mirada al lugar donde había contemplado la figura y comprobó que ya no estaba.

El hombre no se sorprendió mucho y no le dio mayor importancia, total solo quería dormir. Regreso a la cama, en su temporal estado de letargo y fácilmente se durmió. El mismo sonido, esta vez que parecía provenir de otro lugar de la habitación despertó al sujeto, Ahora mas iracundo, no dudo en pararse estrepitosamente de la cama y encender la luz. Se encontraba solo, nuevamente.

Esta vez no dudo en gastar su energía buscando baldosa por baldosa y rincón por rincón el causante de su malestar, No pudo encontrar nada. Confirmo que la puerta y la ventana estuvieran debidamente cerradas y concluyo que fuese lo que fuese debía seguir en la habitación. Dejo que la bombilla iluminara la habitación y estuvo pendiente de cualquier movimiento.

Todo siguió inerte. Resignado regreso a su cama, se recostó y pensó en lo que paso, convenciéndose de que no tenia mayor importancia. Ya estaba perdiendo lucidez y despidiéndose de la realidad cuando el sonido regreso, esta vez el hombre se sobresalto en cólera, brinco torpemente para encender el bombillo.

El sonido no paraba y cada vez el hombre estaba mas cerca de enloquecer. No podía identificar de donde provenía , pues parecía venir de todos lados.

En un pequeño barrido de reojo por todo el lugar y deteniéndose en el espejo de la habitación pudo contemplar algo colgando de su oreja. Se acerco al espejo y se mando la mano a la cabeza, sintiendo inmediatamente un cosquilleo de algo caminando por su brazo. Era una araña con sus patas largas y delgadas y el cuerpo de color tan negro como aquella noche, Que venia de los rincones de su oído y aun peor que eso fue cuando pudo distinguir en la imagen del espejo muchas otras en la profundidad de su cabeza.

Relatos cortos

Capitulo Uno de Barajas – Vault 156… por Alberto Hernández Güemes

Mandaban una lista con sus nombres, medidas y precio. Eran rubias parisinas, las más y alguna hispana entre números de cinturas diminutas. Las traían drogadas y las distribuían por toda la costa. En un par de horas. Miles de nombres. Números, dinero.
Algunos negocios triunfaron. Los clubs de alterne siempre tenían mercancía y las niñas con los ojos cerrados se removían entre las sabanas. Para cualquiera. Y eran muchos los que entraban y salían de los garitos más conocidos del país.
En las noticias daban exclusivas contando que era una banda que traficaba con droga. Pusieron fotos falsas con mercancía de otro caso. Todo el mundo estaba satisfecho por la eficacia. Y un pastor alemán recibió una medalla como mejor perro antidroga. La policía cobraba miles de dólares cada semana.
Algunos ricos empezaron a mirar el negocio con buen ojo. Se realizaron subastas al alza y se vendieron como mascota niñas de dieciséis años.
Saltaron las alarmas cuando los Asuntos Internos investigaron la situación. Encontraron pruebas en apenas media hora de trabajo. En otra media, la comisaría del oeste estaba convertida en una cárcel de policías. Esposaron a los agentes y los tumbaron en el suelo. No tuvieron en cuenta el hecho de que tuvieran placa. Ellos parecían super policías con gafas que les tapaban casi toda la cara.
En ese mismo momento treinta coches de policía y dos helicópteros se dirigían a Vault con las sirenas arrasando Barajas. Los helicópteros llegaron diez minutos antes que las patrullas. En uno de ellos estaba el sargento. Un tipo duro y negro que respiraba como un toro. Se bajó y se mantuvo apartado de la puerta 156 de la nave que le indicó su compañero. Tendría que pensarla forma de entrar. Quizás entrar con las metralletas fuera lo más sensato. Pero también le preocupaban las chicas.
En esto pensaba cuando el ruido de las sirenas se acercaba cada vez más.
El sargento miró su reloj. Estaban a dos minutos de su posición. El tiempo le quemaba.Llegaron las patrullas cuando los helicópteros ya estaban descansando sobre el asfalto de Vault, uno de los polígonos industriales más grandes de todo Barajas.
Los coches rodearon el edificio. No había salida trasera, pero de todas formas dos francotiradores se apostaron en el tejado de la nave de la calle anterior. Varios cuerpos policiales estaban unidos en el caso. El jefe coordinador era el sargento Town.
“Vamos a depurar todo lo que haya dentro, todo lo que se mueva puede ser disparado, intentar acertar”. Fue todo lo que dijo. El teniente Buch limpió sus gafas en su camisa sucia y con una sonrisa torcida cogió un subfusil del 44. Mientras tanto Zilmer indicaba a los chicos la posición en un mapa que había traído de la oficina. Entrarían por las ventanas de arriba y por las puertas laterales. La sangre saldría por la puerta principal.
Habían pensado lanzar granadas de fragmentación por ambos lados. Todo parecía bien planeado.

Continuará…

A la tercera… por Nuria Sánchez Alonso

sombras

Hoy voy a salir a correr por las calles de Sevilla.

Frases como ésta giran en mi cabeza casi todos los días. Los días que no lo hacen, es porque yo ando girando alrededor tuya, en torno a los ratos que me dedicas a escondidas. Se me va un minuto analizando la mejor ruta para escapar. Una vez la tengo, la miro desde todas las perspectivas posibles y la cambio por otra. Y es que a todas las perspectivas, con sus respectivas conocidas, les da por hacerme despertar. Me dicen que no es buena idea coger ese camino, que las piedras no me dejarán andar sin verme tropezar, que le mire a él, que seguro que tiene mucho más que ofrecer. Y yo sigo contigo, empeñada en caer sabiendo que no soy de las que me río cuando duele. A ciegas, me lío, me preparo para salir a encontrar lo que no quiero buscar y me vuelvo a liar. Al volver, me doy cuentas a mí misma, me digo que no estoy del todo preparada para pensar, que deje de practicar experiencias que ya sé cómo van a terminar, experiencias que ya viví y, sin embargo, aquí sigo, queriendo repetir.

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Después de días vividos sólo quedan días por vivir… por Nuria Sánchez Alonso

tentacion

Lo he borrado. Llevaba como dos horas escribiendo y he borrado todas esas letras así de un plumazo, del mismo modo en que minutos antes las había plasmado en mi papel. Después de tanto criticarlos, acabo de actuar como nuestros políticos: borro lo que escribo, lo que digo, lo que me ha ayudado a triunfar. Y aunque suelo repetírmelo bastante a menudo con el firme objetivo de no caer en la tentación, he vuelto a hacerlo: sigo empezando por el final. Pero, ya todos sabemos que la tentación ha demostrado en su carrera de joder vidas ser lo suficientemente poderosa como para reírse de todos nosotros y de todos vosotros en tiempos revueltos…

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Golpes en el pasillo… por Fernando Rodríguez Gómez

Había sido un día agotador.

Mi mente, o al menos la parte cuerda que queda tras el cansancio, sólo podía concentrarse en una cosa: el sueño; Un plácido y merecido sueño en el que discutir con Morfeo las grandes cuestiones de la vida. Eso y solo eso era lo que buscaba con ansia ya metido en la cama, de cualquier postura y con las sábanas hasta el cuello. La claridad en mis ideas brillaba por su ausencia. El orden en mi cabeza, tras el trabajo físico y psíquico de las quince horas anteriores, dejo paso a una serie de pensamientos inconexos de una naturaleza tan abstracta que mi subconsciente, sabio, ha preferido olvidar. De hecho estas palabras son el “anti desorden” que he podido sintetizar en la bendita locura de la realidad.

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